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Pasados unos minutos sobre la medianoche, cuando el público, entre asientos arrancados y gritos de “hijos de p...”, ya había soltado más o menos el 50% de su ira,  la otra mitad cayó sobre la figura de Axl en cuanto GUNS ‘N’ ROSES entraron en escena, al ritmo de ‘Welcome To The Jungle’.

Los gritos de “gordo”, “egocéntrico”, “bufón” e “impostor” invadieron las primeras filas, mientras el grupo, inmerso en esa enfermiza burbuja en la que vive permanentemente envuelto, hacía oídos sordos y proseguía, impertérrito, con ‘It’s So Easy’, ‘Mr. Brownstone’ y la adaptación del tema de Paul McCartney, ‘Live And Let Die’. Un inicio razonablemente potente, pese a la fría acogida -más que justificada- de un respetable que se sentía de todo menos respetado.

La cosa no tardó en perder gas de forma flagrante, y lo hizo en este punto. El grupo comenzó a desgranar los primeros acordes de uno de los temas nuevo (de su entonces aún no publicado Chinese Democracy) sin molestarse lo más mínimo en explicar algo acerca de una canción absolutamente desconocida para el público español.

Y es que esta banda ha llegado a representar durante muchos años la cara más triste y menos seria del Rock. Son quienes, tras iniciar a las doce  de la noche un concierto previsto para las diez, maldisimulan esa grotesca indiferencia que sienten hasta por ellos mismos con unas disculpas emitidas sin esforzarse lo más mínimo en transmitir la menor credibilidad.

El público ignoró al grupo de forma particularmente notable en este punto, y la cosa se solucionó con un ‘Sweet Child O` Mine’ que fue acogido con cierta ilusión, más por lo emblemático de la canción que por la calidez en la interpretación -bastante mecánica- de los músicos.

Indiferencia, sí. Y mucha. Indiferencia mutua entre público y grupo, un sonido relativamente decente pero que, tratándose de un sitio abierto, tampoco fue para tirar cohetes (ni mucho menos...)... y una versión infu-relax (es decir, perfecta para dormirse) de ‘Knocking On Heaven’s Door’, que llegó justo antes otro tema nuevo que tampoco obtuvo la menor reacción de un público que tenía que trabajar al día siguiente y no tenía ganas de aguantar las boutades de un grupo de profesionales... de la tontería.

‘You Could Be Mine’ obtuvo, como la mayoría de los temas conocidos, una reacción relativa, y entonces el grupo decidió sumergirse en una absurda sucesión de jams y solos llenos de artificio, de ésos que ni llevan a ninguna parte ni demuestran la más mínima destreza musical.

Luego llegó una modesta versión de ‘Outta Get Me’, acompañada por unas explosiones y una pirotecnia que entraron más a destiempo que nunca (este aspecto pareció puramente improvisado durante todo el “show”), y GUNS 'N' ROSES decidió volver a torturar al respetable con unos mediocres solos de guitarra tras los que, a poco que se conozca el romántico instrumento, se veía claramente que había muy poquito, por no decir nada.

Uno de los momentos más desoladores de la noche fue la nefasta versión de ‘November Rain’, un tema que sonó decepcionante, y en el que daba la impresión de que Axl no quería esforzarse lo más mínimo en cantar medianamente bien (como durante tantos pasajes del concierto).

El solo de guitarra de Richard Fortus fue algo mejor que los restantes, pero otro de los agravantes que acumulaba el grupo es el hecho de que el público quería ver sobre el escenario a otros músicos. Se oyeron gritos constantes pidiendo el regreso de Slash, e incluso durante los solos más significativos de algunos de los temas clásicos hubo quien espetó: “¡si es que no le sale!”.

Entonces llegó ese tema ramplón donde los haya que daría título, dos años más tarde, al nuevo álbum de estudio, ‘Chinese Democracy’, antes de contemplar con estupor cómo, en un caprichoso alarde de vulgaridad infinita, el grupo terminaba de destrozar su ya mermada reputación, con una versión del tema ‘Beautiful’ de Christina Aguilera. Ante algo así, uno se queda sin palabras.

‘My Michelle’ y ‘Patience’ (paradójico título en semejante noche) llegaron justo antes de que a Axl Rose le diera por hacer la enésima bobada de la noche (consistente en cantar a capella 'I Feel Good' de James Brown), y ‘Nightrain’ cerró esta auténtica debacle musical. El grupo salió a hacer unos bises que nadie le pidió, con un último tema nuevo, 'Madagascar', y con un ‘Paradise City’ que puso el punto final definitivo a un concierto que, a esas horas (las 2:25 de la madrugada), había pasado de ser aburrido a convertirse en un auténtico suplicio.

Por cierto, con tantas líneas (y tan poco merecidas) para Axl y compañía, nos hemos olvidado por completo del grupo telonero, LIVING THING, que puso potencia, fuerza, ganas, buena música y honestidad. Un término, éste último, que directamente no existe en el diccionario de GUNS ‘N’ ROSES.

Alkalino

 
13-07-2010
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