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Pero, si del plano puramente musical hay que hablar, diríamos aquello de “Four in a row!”. Porque, en efecto, estamos ante el cuarto álbum del grupo… y ante su cuarta obra maestra. Ozzy Osbourne (voz), Tony Iommi (guitarra), Geezer Butler (bajo) y Bill Ward (batería) no estaban por la labor de permitir que bajase un ápice el espléndido nivel  de los álbumes Black Sabbath, Paranoid y Master Of Reality. Vol. 4 contiene, potenciadas, todas y cada una de las virtudes de dichas obras, y además las presenta sazonadas con algunos enriquecedores toques de evolución y elementos nuevos.

En el inicio, ‘Wheels Of Confusion’ abre fuego al más puro “estilo Sabbath”: Guitarras oscuras y durísimas llenas de Hard Rock marcadamente bluesero, una variadísima base rítmica poderosísima y envolvente, inicialmente lenta pero que, a lo largo de más de ocho minutos, va pasando por diversos tempos, unos lentos y otros trepidantes. En el final, un dibujo de mellotrón con un tremendo gancho marca la pauta de una soberbia coda en la que las guitarras, el bajo y la batería se incorporan para cerrar el corte de forma aplastante.

Siguiendo en la más pura onda habitual del grupo, aunque en versión menos progresiva y más directa (fue elegida como primer single), ‘Tomorrow’s Dream’ es otro sensacional corte de esos que dejan sin respiración al amante del mejor Hard Rock, en gran medida debido a su inolvidable riff inicial, que será el que presida los pasajes principales de la composición.

La primera “sorpresa” llega con la balada ‘Changes’, en la que la voz de Ozzy cuenta únicamente con el acompañamiento del piano y el mellotrón (ambos grabados por el guitarrista Tony Iommi para este álbum). Una composición melancólica y bella pero, como no podía ser de otra forma en BLACK SABBATH, con algo oscuro e inquietante en la atmósfera general (el sonido y la ecualización de ese piano casi parecen más procedentes de la banda sonora de una aterradora historia de brujería que de la de desamor como la que se narra en este tercer corte).

Tras el minuto y medio instrumental (que realmente sólo tiene percusión…) de ‘FX’, llegamos a la durísima ‘Supernaut’, en la que el grupo vuelve a sus latitudes musicales habituales. Los solos de guitarra de Tony Iommi son particularmente bestiales, en este corte, inspiradísimos. Como elemento curioso, el pasaje intermedio con ese sutil arreglo de sencillas pero briosas guitarras acústicas que “se cuela” como si nada y pone un toque realmente atmosférico y diferente.

Por su parte, ‘Snowblind’, con su inconfundible estilo propio de esa aclamada vertiente “dura-ralentizada” de Sabbath, es hoy uno de los himnos definitivos del grupo. Era el corte que iba a dar título al álbum. Y, desde luego, hubiera sido un perfecto reflejo de lo vivido en aquellas sesiones de grabación de 1972. El título lo dice todo. La cocaína acababa de instalarse en las vidas de Ozzy, Tony, Geezer y Bill, y había convertido el día a día de BLACK SABBATH en un verdadero disparate en este sentido. Con un gran presupuesto para la realización del álbum, tras grabar unas pocas partes en Londres, el grupo se había trasladado a Los Ángeles y, según asegura el bajista Geezer Butler, una mitad del dinero se les fue en cocaína “y la otra en horas de estudio, mientras contemplábamos cuánto tiempo podía llegar a durar la grabación”. Incluso el batería Bill Ward (uno de los componentes del grupo que peor lo pasó por culpa del abuso de sustancias) recuerda aquellos días como un punto de inflexión, aquél en el que el alcohol y las drogas “dejaron de ser algo divertido” para comenzar a percibirse como un problema. Y es que, según parece, llegó a creer que el propio grupo iba a expulsarlo, a consecuencia de un tremendo enfado en el que lo mandaron a casa hasta que se encontrase más dispuesto para seguir grabando, tras una sesión nada fructífera en la que no fue capaz de registrar adecuadamente un pasaje de batería de 'Supernaut' (al parecer por una mezcla de desgana y de los efectos de la bebida y la cocaína).

Sea como fuere, lo cierto es que ‘Snowblind’ es hoy una de las canciones más definitivas de BLACK SABBATH. Al igual que esa durísima ‘Cornucopia’ que mezcla partes lentas y pesadas con otras rápidas y trepidantes, y que nos lleva hacia la recta final de este Vol. 4 al que tampoco le falta su momento de placidez idílica, con el delicioso instrumental acústico ‘Laguna Sunrise’, un corte imaginativo y magnífico, con aires de amanecer… o de atardecer, y que añade riqueza y variedad al conjunto de la obra.

Es el respiro perfecto antes de la traca final, que llega a ritmo de galopante Hard Rock, en la mejor y más brillante onda de BLACK SABBATH, con dos grandiosos temazos que cierran el trabajo en plan bestial: Son ‘St. Vitus Dance’ y ‘Under The Sun (dos de los cortes preferidísimos de quien firma estas líneas), dos temazos de auténtica matrícula de honor, el primero en un ritmo de cuatro por cuatro más directo combinado con algunas variaciones en las estrofas, y el otro con un comienzo lento y fortísimo, que nos lleva a un pasaje a medio tiempo tirando a rápido, que será la “avenida principal” de la canción, y que se combinará con otras partes magníficamente arregladas: Una muchísimo más veloz y llena de interesantes riffs, redobles de batería, arreglos, y perfectos solos de guitarra de Tony, y otra, ya en la parte final, con un dibujo de guitarra con solos intercalados realmente sublime, y que llega antes de los compases lentos que ponen el punto y final a la composición.

Pese a todos los problemas con los que su proceso de grabación se vio salpicado, Vol. 4 es una obra maestra incontestable, magistral, llena de composiciones decisivas y definitivas, y sin un solo momento que pueda ser mínimamente considerado “de relleno”. Es no solamente el álbum preferido de muchos fans de BLACK SABBATH, sino también, como decimos, un impresionante clásico de la discografía del grupo y de los más brillantes momentos de la historia del Hard Rock mundial.

Alberto Manzano Ben

 
17-07-2010
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