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El nivel de las composiciones de Death Magnetic no alcanzará, sin duda, al de las de los cinco primeros álbumes de estudio pero, desde luego, la cosa discurre por el camino acertado. Se podría afirmar sin miedo alguno (para opiniones, los colores, en cualquier caso) que estamos ante el mejor álbum de estudio de METALLICA desde aquel mítico Metallica (el “Black Album”) de 1991. Puede parecer fuerte decirlo, pero realmente no es difícil, dado el enorme cacao mental que se hizo el grupo en estudio a partir de 1996. No resulta, pues, descabellada semejante afirmación.

Porque, seamos honestos, Load (1996) y Reload (1997) tenían dos enormes defectos: 1) No aportaban composiciones de esas geniales, de esas que ponen los pelos de punta. 2) Con los giros estilísticos que trajeron ambos álbumes, y con todo lo que los rodeó, el grupo tocó la moral de lo lindo a sus fans de siempre. De eso no cabe la menor duda. Fue una etapa realmente desconcertante, y lo más curioso de todo es que no quedó todo ahí, y en 2003, en el álbum St. Anger, los chicos siguieron con otra serie de veleidades musicales que no contaron con el aplauso de casi nadie. Lo cierto es que, por abreviar, en lo que a estudio se refiere, el período que va desde 1996 y 2003 es, en cualquier caso, una etapa extraña y no muy ilusionante, de la que el grupo no parecía poder y/o querer salir. Con la llegada de Death Magnetic, todo aquello parece haber quedado atrás. Nadie puede poner la mano en el fuego, pero, al menos, de momento, eso parece. El grupo suena fresco, natural, convincente, con fuerza… y, lo más importante, suena a "classic METALLICA".

Al escuchar muchos de los pasajes de este notable Death Magnetic, muchos se acordarán de inmediato de … And Justice For All (1988): Cortes largos (el más corto ya se va a los cinco minutos), una producción similar, aunque, obviamente, mejorada (sensacional el trabajo de Rick Rubin a este respecto, frente a las últimas recetas de un Bob Rock que comenzaba ya a mostrar claros síntomas de agotamiento de ideas), estructuras parecidas a aquellas de 1988 … de hecho, en muchas de las partes del corte inicial, ‘That Was Just Your Life’, bien pueden encontrarse paralelismos bastante claros con aquel ‘Blackened’ inicial del cuarto álbum de estudio de METALLICA.

Temas como el que citábamos hace un momento, o el trepidante ‘Broken, Beat & Scared’, o el galopante ‘The End Of The Line’, suenan llenos de energía renovada, de frescura, y muestran a un grupo con las ideas muy claras, a un grupo que, con más de un cuarto de siglo a sus espaldas, renueva su compromiso con el Heavy Metal, con la idiosincrasia más tradicional de METALLICA, y que trata de abarcar todos y cada uno de los aspectos que le llevaron a lo más alto.

Con ‘The Day That Never Comes’, composición compleja donde las haya con una precisa diferenciación entre unas partes baladísticas y otras hiper-veloces, muchos se acordarán de, cómo no, de la mítica ‘One’ (también en parte, por qué no, de ‘Fade To Black’). Los solos de guitarra, como en el resto del álbum, están realmente trabajados, y llaman la atención por su abundancia. En ocasiones presiden casi totalmente el conjunto, y es que Kirk Hammett (guitarra solista) parece haber aprovechado la ocasión para liberar toda su frustración y su rabia decibélica, con una sonora patada a la época de St. Anger (qué mejor manera de hacerlo), un trabajo en el que, por algún desvarío “creativo” de algunos, los solos tuvieron un protagonismo nulo, y en el que, por tanto, no tuvo el más mínimo margen para desplegar su talento.

Nada de eso sucede en Death Magnetic. Simplemente ponlo a buen volumen, y enseguida te darás cuenta de ello. Es un álbum claro, sin la menor ambigüedad. Escucha, por ejemplo, ‘All Nightmare Long’, y compruébalo por ti mismo. Puro METALLICA 100%, con alguna gota (digo gota, nada más) ligerísimamente experimental, que se puede encontrar en algún surco de ‘Cyanide’, otro tema en el que, en cambio, la vieja artillería estilística sigue presidiéndolo todo.

Las gotas de piano en el inicio de ‘The Unforgiven III’ nos introducen en una balada interesante, pero que, al igual que ocurría con ‘The Unforgiven II’, ni por asomo se acercará a menos de varios años luz del original.

En ‘The Judas Kiss’ recupera la fuerza y la agresividad del grupo. El tema no es sencillo (ninguno lo es en Death Magnetic, ni en METALLICA directamente, salvo alguna lamentable incursión en la pereza mental). Tiene varias partes verdaderamente impactantes, particularmente la localizable hacia un poquito más delante de la mitad del corte, perfectamente situable entre lo mejor del álbum. El corte, en sí, no lo es, aunque no por ello deje de tener un notable nivel, y deje de aportar su granito de arena a esta nueva obra de Los Cuatro Jinetes de la Costa Oeste.

No falta de nada, pues. Ni siquiera 10 minutos de instrumental, en ‘Suicide & Redemption’, que sirven para la ejecución de unas buenas partes rítmicas de guitarra, diversos cambios de ritmo y tempo, y solos de guitarra de Hammett por doquier. Son los diez minutos que muestran el camino del final, que llega con la directa y veloz ‘My Apocalypse’, que cierra con fuerza y dignidad, al más puro estilo clásico, este esperadísimo nuevo álbum de METALLICA.

Death Magnetic es, resumiendo, un trabajo en el que, a diferencia de lo publicado por el grupo en los últimos doce años, todo funciona, y funciona bien. Las composiciones son acertadas, el enfoque lo es aún más, hay variedad, pero dentro de un todo en el que se percibe unificación y claridad en la exposición, y la interpretación es furiosa y decidida, con un James Hetfield cantando de fábula en todo momento (estaría gracioso, a estas alturas…), con un Kirk Hammett que se ha quitado (y de qué forma) la espina de aquel olvidable St. Anger, y con una base rítmica, la formada por Robert Trujillo en el bajo y el eterno Lars Ulrich en la batería, que suena absolutamente demoledora, precisa y compacta en todo momento. Ha sido un alivio. No es una obra maestra, pero las formas que hicieron de METALLICA una de las bandas más admiradas del planeta están otra vez aquí. Veremos lo que dura. Por el momento, enhorabuena.

Alberto Manzano Ben

 

 
20-09-2008
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