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El único álbum de esta nueva etapa se llamó Born Again, y contó con la voz del genial Ian Gillan, entonces separado de unos DEEP PURPLE con los que se reuniría apenas un año después.

Estaba claro que las cosas no son tan sencillas como eso. Además de la calidad, hace falta encajar. Y el perfil de Gillan, idóneo para DEEP PURPLE, poco tenía que ver, en cambio, con la diabólica oscuridad de BLACK SABBATH.

El resultado fue un álbum forzado y carente de toda espontaneidad, en el que el grupo perdía claramente el rumbo y ofrecía unas composiciones muy poco o nada inspiradas, de Heavy Metal ochentero en el más desafortunado sentido de la palabra, cargadas de ridículos detalles “Spinal Tap” de lo peor y que, para colmo de males, terminaban de quedar estropeadas con las terribles mezclas y la nefasta producción final.

Canciones como “Born Again”, “Disturbing The Priest”, “Digital Bitch” o “Hot Line” no aportaban absolutamente nada a la, por lo demás, mágica trayectoria de BLACK SABBATH hasta aquel triste momento, y confundían al oyente, que no sabía si estaba oyendo a Iommi y compañía, a burda copia de DEEP PURPLE en los ochenta o a Dios sabe qué.

Si la inicial “Thrashed” pretendía ser el “Neon Knights” o el “Turn Up The Night” de este álbum, desde luego lo lleva crudo. Solo intentar decir que “Keep It Warm” es una semibalada en la línea rítmica de “Lonely Is The Word” suena a burla y produce risa y, en definitiva, cualquier búsqueda de referencia en el brillante pasado del grupo se hace rara, porque la diferencia de nivel es tan brutal que sencillamente no ha lugar.

Y ello pese a que, técnicamente, Ian Gillan sigue teniendo una voz magnífica, el talento de Tony Iommi en las seis cuerdas es indiscutible, el de Geezer Butler en el bajo también, y naturalmente el de Bill Ward como batería (solo en estudio en esta ocasión, ya que dejó de nuevo la banda antes de la gira). Pero sencillamente sus caminos musicales, aunque paralelos (en tanto todos ellos son artistas procedentes del Hard Rock clásico de los setenta), tienen atmósferas totalmente distintas, y no tuvo ningún sentido colocar a Ian Gillan en una banda del perfil de BLACK SABBATH. Y ello a pesar del éxito (pura inercia) de la posterior gira y de lo bien que se llevaban los músicos.

Born Again
es, claramente, uno de los momentos de inspiración más bajos en la trayectoria de BLACK SABBATH, y un error. Un evidente y claro error. ¡Si hasta la portada era un verdadero espanto!. Creo que a nadie se le escapa esto. A ellos y a Gillan, los primeros. Por eso ni los unos ni el otro tropezaron por segunda vez en la misma piedra.

Alberto Manzano Ben

 
20-04-2015
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