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Y es que, si con Highway To Hell y Back In Black, AC/DC se beneficiaron de la producción de Robert John “Mutt” Lange para pulir el sound sin eliminar la dureza, lo cierto es que Let There Be Rock, tal vez el álbum más duro de AC/DC, conserva en su seno hasta la más remota esencia del sonido más absolutamente crudo, salvaje, distorsionado, galvanizador y brutalmente decibélico de la historia del grupo. Es el lado más absolutamente explosivo de una banda ya de por sí demoledoramente explosiva.

Desde el inicio con la descaradísima ‘Go Down’ hasta el último suspiro de ese hímnico “calambrazo” infaltable en los conciertos del grupo que es ‘Whole Lotta Rosie’, el álbum Let There Be Rock se revela, no sólo como una obra maestra, sino como una apisonadora que va soltando inmensos chispazos, auténticas descargas eléctricas del más alto voltaje que prometen recorrer de forma brutal todos tus sentidos para hacerlos sucumbir, psicológicamente electrocutados, al poder del más puro y más salvaje Rock And Roll, a los solos de guitarra de Angus, los demoledores ritmos de Malcolm, los martillazos de bajo de Mark Evans (fue su último álbum con el grupo, antes de ser reemplazado por Cliff Williams), y los cañonazos de batería de Phil Rudd.

La colección de clásicos inmortales que este álbum nos descubrió con su llegada no deja lugar a dudas: A los dos citados hay que añadir otros muchos, como el impresionante ‘Hell Ain’t A Bad Place To Be’, ‘Bad Boy Boogie’, ‘Dog Eat Dog’ y, cómo no, el glorioso y trepidante tema título con ese inconfundible riff que incorpora referencias a la historia del Rock And Roll, que también quedan patentes en la letra, que se hace eco de aquello que el gran CHUCK BERRY contaba en su ‘Roll Over Beethoven’ (dale las claves a Tchaikovsky), y esas referencias a la historia del Rock And Roll, no sólo musicales, sino en la letra (“Al principio, en 1955, el hombre no tenía ni idea de lo que era una demostración de Rock And Roll ni nada por el estilo. El hombre blanco tenía el Smoltz, el hombre negro tenía el Blues, y nadie sabía lo que iba a salir de ahí, pero Tchaikovsky tenía las claves. El dijo ‘hágase la luz’, y hubo luz, ‘hágase el sonido’, y hubo sonido, ‘hágase la percusión’, y hubo percusión, ‘hágase la guitarra’, y hubo guitarra... ‘¡¡¡HÁGASE EL ROCK!!!”). Sublime. Y qué cierto. Uno se queda sin respiración.

Como todo lo revolucionario (porque era, ante todo, un álbum revolucionario, ya sólo por el grado de brutalidad tan inmenso que desprendía su atractivamente sucio sonido), Let There Be Rock se las tuvo que ver con la censura, particularmente en USA. Mientras en Australia y Nueva Zelanda veía la luz el disco tal y como el grupo lo concibió, con el contenido intacto y la portada elegida, al resto del mundo, que recibía el material de AC/DC a través de la distribución de la norteamericana ATLANTIC RECORDS,  le llegó una versión censurada de este sensacional álbum: Por ningún lado aparecía el Blues de ‘Crabsody In Blue’, censurado por el contenido de su letra (el término ‘Blue’ se refiere, en este caso, a una pomada para combatir las ladillas, y no resulta difícil imaginarse que, con la palabra ‘Crab’, el grupo no quería decir exactamente “cangrejo”), y sustituido por el tema ‘Problem Child’ (del álbum anterior, Dirty Deeds Done Dirt Cheap, 1976), mientras que el orden de los temas restantes aparecía notablemente alterado.

Pero lo más importante es que, pese a lo infame de cualquier censura, el brutal poder y las soberbias ínfulas que AC/DC exhibió en este álbum fueron elementos que quedaron bien claros, ya fuera a través de la versión original del álbum, o de la que no le quedó más remedio que comprar al resto del mundo.

Alberto Manzano Ben

 
18-11-2008
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