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Y es que, si For Those About To Rock ya contenía una buena cuota de momentos claramente desechables, al menos contaba con un claro as en la manga para salvarse con cierto disimulo: El tema que le daba título (hoy, gran clásico de cierre de los conciertos de AC/DC). Flick Of The Switch no tuvo esa suerte.

Lo peor de álbum es que es terriblemente mediano, tirando a bajo. Fly On The Wall es malo, indigesto, horrible... Flick Of The Switch es, simplemente, mediocre. Escuchar sus canciones es (por establecer un simil con tintes gastronómicos) como masticar papel. No es bueno, pero tampoco horriblemente malo (ese honor quedó reservado, como decíamos, para el citado
Fly On The Wall). No es blanco (a pesar de su portada), ni tampoco negro. Es gris.

Hay que decir que el álbum tiene un aspecto muy positivo (al menos, para los fans más acérrimos), y es la vuelta de AC/DC, en cierta medida, a ese sonido mucho más crudo y sucio de las producciones anteriores a Robert John “Mutt” Lange (frente a esa cierta “depuración” de las producciones de Lange que, aunque acertada en Highway To Hell y Back In Black, quedó excesivamente limpia en For Those About To Rock).

Es cierto. El sonido de Flick Of The Switch (producido por la propia banda) tiene cierto brío, cierta energía, crudeza en las guitarras de los hermanos Angus y Malcolm Young, la voz de Brian Johnson está bien, hay intención... pero eso es todo lo que este álbum puede ofrecer. Las canciones son muy aburridas, soporíferas por momentos, y no hay un solo momento de la obra que haya pasado a la posteridad como un gran clásico, ni para los fans ni para la propia banda que, al igual que con
Fly On The Wall, no se molesta en echar mano de uno solo de aquellos cortes en los conciertos.

Y es que no es para menos. Sin llegar a abandonar la categoría de dignas, canciones como ‘Flick Of The Switch’, ‘Landslide’ o ‘Deep In The Hole’ son absolutamente prescindibles y desechables, al igual que ‘Rising Power’, ‘Badlands’ o ‘Brain Shake’. ‘This House Is On Fire’ y ‘Nervous Shakedown’ se hacen algo más llevaderas, pero siguen sin servir para ocultar una serie de carencias que la banda comenzaba a tener en aquella época en la que, tal vez, estaba pagando el peaje de la tremenda actividad compositiva de los años de la era Bon Scott. En esas circunstancias, algún álbum tiene que salirte mal, y a AC/DC le tocó tener ese par de discos para el olvido en 1983 y 1985.

Al posible agotamiento creativo hay que sumar el hecho de que el grupo no atravesaba por su mejor momento personal: Las tensiones del grupo -particularmente de Malcolm Young- con el batería Phil Rudd, que desembocarían en la expulsión de éste último y su sustitución por Simon Wright, y otra serie de circunstancias internas, seguramente contribuyeron en buena medida a los pobres frutos de este desafortunado período.

Evidentemente, no se puede pedir que siempre todo vaya bien. Como decimos, a AC/DC le tocó vivir sus años más difíciles en los ochenta, con álbumes como este Flick Of The Switch o
Fly On The Wall (1985), de los que ni el grupo quiere saber nada, ni los fans, por lo general, echarán nunca de menos canciones en los conciertos.

Alberto Manzano Ben

 
20-11-2008
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