
Changeling o El intercambio cuenta el extraño caso de Christine Collins, una madre cuyo hijo de seis años, secuestrado sin dejar rastro, es reemplazado por un niño distinto por el cuerpo de policía encargado del rescate en un caso de negligencia y corrupción a partes iguales. La mujer, interpretada por Angelina Jolie, sufre un doble tormento: por un lado, la búsqueda de su hijo se detiene, con lo que desaparece toda posibilidad de recuperarlo; por otro, las fuerzas del orden alienan su identidad negándole el derecho a la justicia y endosándole un niño que no es suyo. ¿Suena irreal? Visto en pantalla lo es al menos tres veces más.
En las escenas iniciales que cuentan lo descrito en el párrafo anterior, se sufre por Christine, pero no se termina de comprender qué motiva su actitud escasamente pragmática. Todo el primer cuarto de la película se sostiene sobre la extrañamente escasa lucha del personaje por denunciar un absurdo flagrantemente evidente.Con este punto de partida, la historia de Changeling es una insólita mezcla de drama maternal, cine negro de corrupción policial y delirio psicológico febril a lo Polanski. Si hubiese salido de la imaginación de un escritor no perteneciente al surrealismo, al dadá o a alguna otra vanguardia interesada en el absurdo, sería rápidamente descalificada como una extravagancia grotesca y algo risible. Por eso, es muy comprensible que Clint Eastwood y J. Michael Straczynski hayan sentido la necesidad de avisar desde los títulos de crédito iniciales que lo que se cuenta sucedió de verdad.
También condiciona la realidad de la historia el tratamiento del guión, que sólo puede acercarse a los hechos mediante un distanciamiento respetuoso al evitar ponerse en el punto de vista de un personaje protagonista (aunque Jolie ocupa el primer tercio de la película en exclusiva, la película nunca se acerca a ella del todo, sino que la mantiene a pequeña distancia a base de pequeñas elipsis). En cambio, se opta por una narración omnipresente que resulta efectiva, ética y sobria, pero convierte la historia en una especie de recreación distante de otra época en la que sucedían cosas diferentes a las del mundo contemporáneo. Esto perjudica el aspecto psicológico del drama pero compensa por otro lado el aspecto delirante que presenta en la actualidad la historia (es probable que fuese una decisión plenamente consciente).
--Si no han visto la película, se recomienda que no lean lo que sigue, pues podría contener spoilers.--
Así, el verdadero despegue emocional de la historia sólo se produce cuando la historia hace referencia al niño desaparecido; cuando llegan las primeras pistas de lo que ha sucedido al hijo de Christine, Walter Collins. Entonces, Changeling entronca con obras pasadas de Eastwood (especialmente con Mystic River): desde el punto de vista argumental, lo que se narra es ambiguo y por ello estremecedor; la desgracia parece arbitraria e inevitable, al modo de las tragedias griegas, y Jolie se tiene que conformar no con una respuesta satisfactoria a su problema, sino con un reencuentro con su hijo que le brinda esperanza pasajera.
Eastwood mantiene su personalidad característica: la puesta en escena es sobria, decidida y de corte clásico, especialmente una fuerte tendencia al plano contraplano que resulta cinemática y muy efectiva, un cierto hincapié en elementos visuales que compensan un guión con mucho diálogo. El equipo con el que trabaja el ya casi octogenario director es excelente: destacan el director de fotografía Tom Stern y el diseñador de producción James J. Murakami por una línea de color que divide los espacios en los que se desarrolla la película con gran efectividad dramática. De ellas, destacamos las escenas nocturnas, las escenas soleadas en el exterior del rancho de los crímenes y la iluminación de la escena del interrogatorio, que, por cierto, pese a no ser central, se encuentra, gracias al trabajo de los actores entre lo mejor de la obra.
Angelina Jolie resulta convincente en su interpretación porque contrarresta lo extremo de la situación con economía gestual, pero no podemos evitar preguntarnos si una estrella de Hollywood que además es una de las mayores sex-symbols del momento resulta indicada para interpretar a la modesta Christine Collins. Si a eso sumamos que sus exageradamente gruesos labios y el sombrero que luce en buena parte de la película le restan expresividad a su rostro, tenemos que concluir que Jolie es buena actriz, porque su trabajo nos convence pese a dichos inconvenientes. El resto de las interpretaciones oscilan entre la distendida frescura que Eastwood consigue habitualmente y, a veces, una cierta afectación ingenua propia del cine de otra época.
Esto último, que podría ser defendible para una historia que transcurre en 1928, nos sirve como punto de partida para señalar algo importante: parece que la tradición cinematográfica en la que se inscribe el cine de Eastwood a veces hace que, combinados con su admirable oficio con actores y narración, encontremos momentos de extraña ingenuidad que a veces contradicen la complejidad general de sus propuestas. Personajes como la familia de la boxeadora interpretada por Hillary Swank en Million Dollar Baby y el médico y toda la descripción del manicomio en la película que nos ocupa, son extrañamente planos; donde la actitud de Eastwood ante sus historias lleva a una reflexión sobre el carácter poliédrico e incontrolable de la realidad, a veces se encuentran contradicciones que nos resultan chocantes.
Para terminar, a menudo se ha criticado negativamente Changeling por su excesiva longitud, su ritmo lento y poco puntuado y un pesado apoyo de la narrativa en lo verbal. Estas características derivan de la actitud de la película hacia el material original: las historias reales no han sido concebidas para cine (por tanto, en términos visuales), su estructura original no es sintética y dramáticamente efectiva sino más bien azarosa. Por eso, es lógico que director y guionista se enfrentasen a una tensión entre hacer la película comercialmente efectiva y honesta con la realidad que retrata. En este sentido, Changeling ha triunfado, porque frente esta dificultad ha logrado ser comercialmente efectiva y a la vez una reconstrucción de los hechos seria, ética y responsable.